Dos amigos
apuestan con un tercero a que sus prometidas les serán fieles
siempre.
Para probarlo, fingen acudir a la guerra y vuelven disfrazados para
tratar de conquistarlas cambiándose uno por otro para no ser
reconocidos.
Las dos mujeres acaban cediendo a las súplicas o a las amenazas
de sus pretendientes fingidos y antes de casarse con ellos, se descubre
el engaño.
Todos vuelven con su pareja del principio pero todos saben lo que
ha ocurrido y deben vivir con ello.
Por eso, porque se amaban,
en las locas madrugadas,
a la luz de la memoria,
peregrinaron recuerdos y traiciones
a la sombra de una sombra.
Por eso, porque se amaban,
fueron corriendo hasta la esquina,
a comprarse un olvido de violetas,
unos zapatos de ternura
que caminen de espaldas por el mismo camino,
que deshagan las huellas que dejó la mentira.
Y poderse beber muy juntos,
boca a boca,
el silencio de su última derrota.